Dia Mundial de la Alimentación

2026-10-16T09:15:51+02:0016 octubre 2026|Promoción de la Salud|

Por qué seguimos hablando de alimentación saludable y sostenible

Cada 16 de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebra el Día Mundial de la Alimentación. Una fecha que nos invita a reflexionar sobre algo tan cotidiano como necesario: nuestra alimentación.

Pero ¿alguna vez te has parado a pensar en todo lo que hay detrás de los alimentos que llegan a nuestra mesa? ¿Cómo se producen, qué recursos se necesitan para obtenerlos, cómo se distribuyen o qué ocurre con aquellos que terminamos desperdiciando?

Nuestra alimentación no depende únicamente de lo que elegimos comer. También está condicionada por el sistema alimentario del que formamos parte y por las decisiones que tomamos como sociedad.

Este 2026, la FAO nos propone un lema que invita a mirar hacia el futuro: «Innovar hoy para nutrir mañana». Un mensaje que nos recuerda que necesitamos nuevas soluciones para construir sistemas agroalimentarios más sostenibles, inclusivos y capaces de garantizar el acceso a alimentos suficientes, seguros, diversos y nutritivos para todas las personas.

Y, aunque pueda parecer un reto que nos queda muy lejos, nuestras decisiones cotidianas también tienen mucho que aportar.

La salud empieza mucho antes de que los alimentos lleguen a nuestro plato

Hace ya más de una década, en 2013, la FAO nos recordaba que una población sana depende de sistemas alimentarios saludables.

Un sistema alimentario comprende todo lo que sucede desde la producción de los alimentos hasta que llegan al consumidor: la agricultura, la ganadería, la pesca, la transformación, el almacenamiento, el transporte y la distribución, entre otros procesos.

Todo ello influye en la disponibilidad de alimentos variados y nutritivos y en las posibilidades que tenemos de acceder a ellos.

Por eso, hablar de alimentación saludable no consiste únicamente en recomendar qué debemos comer. También debemos tener en cuenta cómo se producen los alimentos, qué recursos se utilizan y si todas las personas pueden acceder a una alimentación adecuada.

Además, la malnutrición no se manifiesta de una sola manera. La falta de energía o de nutrientes esenciales, al igual que el exceso de energía y una alimentación desequilibrada, pueden comprometer nuestra salud. Incluso distintas formas de malnutrición pueden coexistir en una misma población, un mismo hogar o una misma persona.

De ahí la importancia de avanzar hacia sistemas alimentarios que favorezcan tanto la salud de las personas como el aprovechamiento responsable de los recursos.

Alimentación saludable, sostenibilidad y equidad: un mismo desafío

En 2015, el Día Mundial de la Alimentación puso el foco en la protección social y la agricultura como herramientas para romper el ciclo de la pobreza rural.

La reflexión iba más allá de la producción de alimentos. Para combatir el hambre y la malnutrición también es necesario mejorar las condiciones de vida de las personas, proteger a las más vulnerables y favorecer un acceso equitativo a los recursos y servicios esenciales.

Porque producir alimentos suficientes no garantiza, por sí solo, que todo el mundo pueda acceder a ellos.

En 2018, el lema «Nuestras acciones son nuestro futuro» del Día Mundial de la alimentación volvía a poner sobre la mesa la relación entre nuestras decisiones y la sostenibilidad alimentaria. Un año después, en 2019, la FAO insistía en la necesidad de promover una alimentación saludable para avanzar hacia un mundo sin hambre.

Los mensajes se repiten porque el desafío continúa vigente: necesitamos sistemas alimentarios capaces de alimentar a la población sin comprometer los recursos naturales de los que depende nuestra propia supervivencia.

Y aquí hay una idea que me parece especialmente importante destacar: la alimentación saludable y la sostenibilidad no son objetivos independientes. Están estrechamente relacionados.

Una alimentación adecuada contribuye a cuidar nuestra salud, mientras que producir y distribuir alimentos de forma responsable ayuda a preservar los recursos que necesitaremos para alimentarnos en el futuro.

Por supuesto, no toda la responsabilidad recae en nosotros como consumidores. Las administraciones, las empresas, los productores y los distribuidores también tienen un papel fundamental. Pero nuestras elecciones pueden contribuir a impulsar formas de producción y consumo más responsables.

2026: innovar hoy para nutrir mañana

La campaña de este año pone el acento en la innovación como herramienta para transformar los sistemas agroalimentarios.

Y cuando hablamos de innovación, no debemos pensar únicamente en maquinaria avanzada, inteligencia artificial o nuevas tecnologías. Innovar también significa encontrar mejores maneras de producir, conservar, transportar y distribuir los alimentos; aprovechar los recursos disponibles y compartir conocimientos que permitan responder a las necesidades de cada comunidad.

La tecnología y la investigación pueden ayudarnos a mejorar la eficiencia de los procesos y a reducir determinadas pérdidas. Pero también es importante aprovechar los conocimientos tradicionales y la experiencia de quienes trabajan la tierra y producen nuestros alimentos.

El verdadero valor de la innovación está en su capacidad para ofrecer soluciones útiles, accesibles e inclusivas. Soluciones que contribuyan a proteger el medioambiente y, al mismo tiempo, permitan que todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos.

Porque el progreso no debería medirse únicamente por nuestra capacidad de producir más, sino también por nuestra capacidad de alimentar mejor y hacerlo de una manera más sostenible.

¿Qué podemos hacer nosotros para contribuir?

Quizá estés pensando que todas estas cuestiones dependen de grandes decisiones políticas, de las empresas agroalimentarias o de los avances científicos. Y, efectivamente, necesitamos cambios a esa escala.

Sin embargo, también podemos incorporar pequeños cambios en nuestra vida cotidiana. No solucionarán por sí solos los problemas del sistema alimentario, pero sí pueden ayudarnos a cuidar nuestra salud, aprovechar mejor los recursos y fomentar un consumo más responsable.

1. Prioriza una alimentación variada, saludable y basada principalmente en alimentos de origen vegetal.

Frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales son alimentos que merece la pena incorporar habitualmente a nuestra alimentación. Podemos complementarlos con otras fuentes de proteínas y con el resto de los alimentos que necesitemos, adaptando la alimentación a nuestra edad, estado de salud y circunstancias personales.

También conviene distinguir entre los diferentes tipos de alimentos procesados. Procesar un alimento no lo convierte automáticamente en una opción poco saludable: lavar, congelar, pasteurizar, cocinar o fermentar son formas de procesamiento que pueden facilitar su conservación y consumo. Lo importante es valorar el tipo de alimento, su composición nutricional y el lugar que ocupa en nuestra alimentación, prestando especial atención a los productos ultraprocesados de baja calidad nutricional.

2. Elige alimentos de temporada y, cuando sea posible, de proximidad.

Comprar productos de temporada puede ayudarnos a variar nuestra alimentación a lo largo del año y a aprovechar los alimentos disponibles en cada momento. Elegir productos locales también puede favorecer a los productores y comercios de nuestro entorno.

Eso sí, el impacto ambiental de un alimento no depende exclusivamente de su origen o de la estación en la que se produce. También influyen factores como el sistema de producción, el transporte, el almacenamiento y la conservación.

3. Planifica la compra y reduce el desperdicio alimentario.

Antes de ir a comprar, revisa lo que tienes en la nevera y la despensa. Organiza un menú aproximado, prepara una lista y adquiere únicamente lo que necesites.

Conservar correctamente los alimentos, aprovechar las sobras, congelar aquello que no vayas a consumir a tiempo y conocer la diferencia entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente son medidas sencillas que pueden ayudarnos a evitar que alimentos perfectamente aprovechables terminen en la basura.

Reducir el desperdicio también significa aprovechar mejor el agua, la energía, el suelo y el trabajo que han sido necesarios para producir esos alimentos.

4. Ajusta las cantidades a tus necesidades.

Una alimentación saludable no consiste en comer cuanto menos, mejor, ni en restringir alimentos sin motivo. Consiste en cubrir nuestras necesidades nutricionales y energéticas de acuerdo con nuestras circunstancias, evitando tanto los déficits como los excesos mantenidos.

Comprar y preparar cantidades razonables puede ayudarnos a reducir el desperdicio y a mantener una relación más consciente con la comida.

5. Aprende a elegir con criterio.

La publicidad, las tendencias y los mensajes que encontramos en redes sociales pueden influir en nuestras decisiones alimentarias. Aprender a interpretar las etiquetas, valorar la composición nutricional y contrastar la información con fuentes fiables nos ayuda a distinguir entre las recomendaciones fundamentadas y las afirmaciones sin suficiente respaldo científico.

Y recuerda que no existe una única alimentación válida para todo el mundo. Las necesidades y circunstancias personales importan.

Una alimentación mejor para las personas y para el planeta

Después de revisar los mensajes de las campañas de los últimos años, hay una conclusión que sigue teniendo tanto sentido hoy como en 2013: una población sana necesita sistemas alimentarios que favorezcan la salud, la sostenibilidad y el acceso equitativo a los alimentos.

El lema de 2026 nos invita a mirar hacia delante y a reconocer el papel de la innovación. Pero innovar no significa olvidar lo que ya sabemos. También consiste en aprovechar los conocimientos que hemos adquirido, aprender de la experiencia y aplicar nuevas soluciones a los desafíos que todavía tenemos por delante.

Desde NutriPharm, creemos que cuidar la alimentación es una parte esencial del cuidado de nuestra salud. Y que para hacerlo bien necesitamos información rigurosa, educación nutricional y herramientas que nos ayuden a tomar decisiones conscientes, realistas y adaptadas a nuestras necesidades.

No podemos transformar todo el sistema alimentario con una sola decisión. Pero sí podemos empezar por las que están a nuestro alcance, al mismo tiempo que exigimos y apoyamos cambios colectivos.

 

Porque alimentarnos mejor hoy también es una manera de cuidar la salud y los recursos que necesitaremos mañana.

 

FUENTES:

  • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura: http://www.fao.org 
  • Informe de las Naciones Unidas «Child and Adolescent Health and Developement. Progress report» 2006.
  • Kracht, U.; Schultz, M. (eds) (1999). Food Security and Nutrition: The Global Challenge. Nueva York: St. Martin’s Press.

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